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El Desarrollo de Vacunas Antifertilidad:
Un desafío para el sistema inmunitario
By
Ute Sprenger

 
Palabras clave:  Contraceptivos; Vacunas (humanos); Organización Mundial de la Salud (OMS); Diferencias de trato en función del sexo.
Cita literal: Sprenger, U. (1999), "El Desarrollo de Vacunas Antifertilidad: Un desafío para el sistema inmunitario." Monitor de Biotecnología y Desarollo, Compendio 1995-1997, p. 62-64.

En los ultimas decenios, los investigadores han venido utilizando nuevos métodos anticonceptivos para los programas de planificación familiar en el hemisferio Sur. Dentro del ámbito de aplicación médica de las biotecnologías modernas, la elaboración de vacunas antifertilidad constituye un enfoque nuevo. Sin embargo, según Ute Sprenger, estas nuevas vacunas realmente no benefician a sus usuarios.

Las biotecnologías modernas aplicadas a la medicina, no solamente sirven de base para la prevención, los nuevos métodos de diagnóstico y la cura de enfermedades, sino que también permiten intervenir en la reproducción humana, a través del desarrollo de toda una serie de métodos y productos nuevos para controlar la fertilidad. Mientras que la inseminación artificial reviste poquísima importancia para la mayoría de las personas en el Sur, la posibilidad de evitar el embarazo es fundamental. Muchos defensores de las políticas de control de la natalidad creen que las vacunas antifertilidad, una vez en el mercado, serán un anticonceptivo prometedor. A diferencia de los métodos convencionales, como el dispositivo intrauterino, la píldora, las inyecciones y los implantes hormonales, las vacunas anticonceptivas aprovechan el sistema inmunitario para crear anticuerpos contra las hormonas u otras moléculas asociadas a la reproducción humana. Aunque estas vacunas pueden usarlas tanto los hombres como las mujeres, la mayoría de la investigación se orienta a las segundas, porque los científicos consideran que el ciclo femenino es más fácil de controlar.
Los defensores de las vacunas antifertilidad sostienen que ofrecen más posibilidades en cuanto a los métodos de planificación familiar. Sin embargo, desde la perspectiva del usuario se plantean dos preguntas: 1) ¿esta nueva tecnología concede a las mujeres mayor autonomía con respecto a su fertilidad?; y 2) ¿mejora su salud?

La estrategia
En las últimas dos décadas la investigación mundial sobre vacunas que regulen la fertilidad se llevó a cabo bajo los auspicios de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Se han experimentado o se están sometiendo actualmente a ensayos clínicos en diversos países algunas vacunas prototipo El enfoque inmunológico totalmente nuevo se basa en la idea de que un método anticonceptivo, a largo plazo, destinado a los programas de planificación familiar de países con escasa atención médica, debe exigir poca motivación por parte del usuario, ser barato y fácil de usar.
Este enfoque es una parte integral de la estrategia demográfica, que ha proporcionado una serie de métodos de control de la natalidad de larga duración y dependientes del proveedor desde los años 60. En un simposio de la OMS celebrado en 1989 acerca de la seguridad y eficacia de las vacunas antifertilidad, el presidente resumió los trabajos diciendo: "Durante estos debates tuve muy presente nuestra dificultad para evaluar la urgencia de la crisis demográfica. A medida que aumenta la repercusión de ésta, se necesitan tecnologías de planificación familiar más eficaces. Si no logramos desarrollar algo que pueda proporcionar una tecnología más eficaz, ese fracaso debe verse como un riesgo grave e innecesario."

El control sobre el ciclo hormonal
Las vacunas antifertilidad que se están investigando funcionan de un modo similar a las vacunas convencionales contra las enfermedades. Se basan en la estimulación del sistema inmunitario pero, a diferencia de estas últimas que atacan las sustancias extrañas, las primeras producen anticuerpos contra las sustancias propias del cuerpo, semejantes a moléculas. Como resultado de ello, se reprograma la autoprotección del cuerpo para que ataque blancos que el cuerpo normalmente tolera. Para lograrlo dichos blancos, o sea las moléculas toleradas normalmente, tienen que asociarse a una proteína extraña, que convierta todo ese conjunto en ‘extraño’, y que induzca la reacción de los anticuerpos.
Actualmente seis variantes de estas vacunas se encuentran en diferentes etapas de desarrollo. Las moléculas comúnmente identificadas como las candidatas más adecuadas para el desarrollo de vacunas son ciertas moléculas de la superficie del espermatozoide y del óvulo, moléculas de la superficie del óvulo fertilizado y del embrión joven, y la gonadotropina coriónica humana (Gch). Esta hormona secreta la superficie del embrión joven para permanecer implantado en la matriz. Si se la bloquea, baja el nivel de progesterona y el blastocisto (óvulo fertilizado de 5 días) se expulsa, con lo cual termina el embarazo. Las vacunas anti-Gch consisten en una parte de la hormona unida a un vector bacteriano o viral que induce la reacción de anticuerpo. Sin embargo, los investigadores admiten que no se conoce exactamente la forma en que la inmunización en contra de la Gch afecta la fertilidad.
La versión prototipo de una vacuna anti-Gch consiste en un inmunógeno formado de un péptido (sintético) de Gch conjugado a una molécula portadora toxoide, mezclado con un inmunoestimulante, y en suspensión en un medio líquido.
Otros enfoques más avanzados que han llegado a la fase de los ensayos clínicos son las vacunas que inhiben la hormona que libera la gonadotropina (HLGn), producida en el diencéfalo. El diencéfalo (hipotálamo) es la parte del cerebro que se encuentra debajo del tálamo, donde se regula el flujo de esteroides. Aquella hormona se encarga de la regulación final de estas últimas. Dado que esta vacuna, desarrollada por el órgano encargado del control demográfico, el Population Council (EE UU), detiene por completo el ciclo, tanto los hombres como las mujeres vacunados necesitan reemplazar las hormonas esteroides por otras sintéticas para impedir los efectos colaterales indeseados, como la pérdida de la densidad ósea. En las mujeres se induce una reacción similar a la de una menopausia artificial.
Los primeros ensayos clínicos con las vacunas antifertilidad comenzaron en los años 70. Hasta principios de 1994, habían participados en ellos cerca de 400 personas, principalmente mujeres Las vacunas más investigadas y probadas clínicamente son, sin duda, las anti-Gch. Dos prototipos, elaborados por el Instituto nacional de inmunología (NII) de la India y el Programa especial de investigaciones, desarrollo y formación de investigadores sobre la reproducción humana (HRP), están siendo probados en mujeres de la India, Australia, Brasil, Chile, la República Dominicana, Finlandia y Suecia. El primero inició sus experimentos con vectores vivos. Con objeto de prolongar la respuesta del anticuerpo, se transfirieron genes beta-Gch a una vacuna viral, que se reproduce a sí misma. Es controvertida la estabilidad de la vacuna, un patógeno de la viruela de las vacas ‘cowpox’.

Principales participantes
A principios del decenio de 1970 un grupo de científicos se reunió en la OMS para debatir las consecuencias de los avances en las ciencias biológicas, relativos al control de la natalidad. En 1973 la OMS creó un grupo especial sobre vacunas para regular la fertilidad, como parte del programa especial, el que ahora, bajo los auspicios del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), la OMS y el Banco Mundial, se concentró en la investigación y desarrollo (IyD) de métodos anticonceptivos y de servicios en los países en desarrollo así. Ese grupo especial actúa como coordinador mundial de la IyD sobre la vacuna antifertilidad en los diversos grupos que colaboran en ella y apoya la investigación con diferentes enfoques, tales como vacunas antiesperma y antióvulos y vacunas concebidas para neutralizar las funciones biológicas de la Gch. Ha tenido éxito en elaborar un prototipo de vacuna anti-Gch.
Actualmente investigan las vacunas antifertilidad cinco grandes instituciones (y algunas pequeñas).
Existen diversos equipos de investigación más pequeños que realizan investigación básica y preclínica así como ensayos clínicos con vacunas antifertilidad en las universidades de Kenya, Alemania y Francia, al igual que institutos como el Consejo de investigación médica (MRC) en Reino Unido. Tienen financiación pública o reciben el apoyo de empresas farmacéuticas como Schering (Alemania) u Organon (Países Bajos).
De acuerdo con la OMS y el HRP, de los aproximadamente 57 millones de dólares estadounidenses gastados anualmente en toda la investigación relativa a los anticonceptivos, se estima que un 10 por ciento está dedicado a vacunas antifertilidad. Según ellos, se gastaron en 1992 946.000 de dólares estadounidenses, o sea el 16,3 por ciento del presupuesto del programa. De acuerdo con David Griffin, director del grupo especial sobre vacunas, el HRP gastó entre 10 y 11 millones de dólares estadounidenses en vacunas antifertilidad entre 1973 y 1993.

Riesgos
Se han evocado los siguientes riesgos relacionados con las vacunas anticonceptivas: Protestas
Más de veinte años después de que los investigadores comenzaron a estudiar el uso de anticuerpos para fines anticonceptivos, todavía quedan pendientes muchas preguntas sobre la eficacia, la seguridad y la capacidad de satisfacer las necesidades de las mujeres. Además, al apoyar una práctica basada en una política demográfica es probable que se socaven los derechos de las mujeres a decidir por sí mismas si desean tener hijos.
Durante la última década, en muchos países del Sur se fijaron objetivos demográficos, estimulando al personal paramédico y al que trabaja sobre el terreno a que distribuyera anticonceptivos eficaces para reducir las tasas de natalidad. Los métodos a largo plazo, que dependen del proveedor, se consideran como los más adecuados para satisfacer estos requisitos. Considerando que parece haber una tendencia creciente a obligar a las mujeres pobres del Sur que controlen su fertilidad, resulta dudoso que tal clima haya fomentado el derecho de las mujeres a escoger sus métodos de planificación familiar, o incluso a decidir si quieren usar o no los anticonceptivos.
No cabe duda de que tanto las mujeres como los hombres necesitan tener acceso a métodos seguros y convenientes de control de la natalidad al igual que a métodos seguros de aborto. Pero una vez más, las mujeres , al ser simples beneficiarias de los anticonceptivos modernos resultantes de la investigación ¿estarán satisfechas con este nuevo tipo de vacuna agresiva que las hace depender del proveedor? Quizás muchas no lo estén, como lo demuestra el llamamiento lanzado por más de 400 grupos de defensa de la salud de las mujeres, procedentes de unos 40 países (incluidos Australia, Chile, Alemania, la India, EE UU y Zimbabwe). Recientemente solicitaron que se pusiese término a la investigación relativa a las vacunas antifertilidad y abogaron por que se diera una nueva orientación a la investigación sobre los anticonceptivos, que se alejara del aspecto tecnológico. En lugar de depender de consideraciones demográficas para orientar la investigación en materia de anticonceptivos, ésta debería permitir que las personas controlasen su propia fertilidad.
Ute Sprenger

Burgsdorfstrasse 11, 13353 Berlin, Alemania

Este artículo se basa en: Ute Sprenger y Helen Zweifel (1994), Auswirkungen der modernen Biotechnologien auf Frauen in den Ländern des Südens. Estudio realizado para la Oficina alemana de evaluación de la tecnología (TAB), julio/agosto de 1994 (no publicado).

Fuente
UNDP/UNFPA/WHO/World Bank Special Programme for Research, Development and Research Training in Human Reproduction (1995), Annual Technical Report 1994. Ginebra: Organización Mundial de la Salud.

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