| ¿La prospección
de la diversidad humana?
El 14 de marzo de 1995 se concedió
una patente en los Estados Unidos al los Institutos Nationales de la
Salud (NIH) relativa a una línea celular que contenía
el ADN no modificado de un indígena hagahai. La misma solicitud
de patente está pendiente en 19 países. Los hagahai son apenas
260 individuos que viven el las mesetas aisladas de Papua Nueva Guinea.
Sólo entraron en contacto asiduo con el mundo exterior en 1984.
De acuerdo con un comunicado de prensa
de la Rural Advancement Foundation International (RAFI) del Canadá
y de los Estados Unidos, debido a esa patente, uno de los hagahai dejó
de ser el dueño de su propio material genético. La patente
ha causado ira en el Pacífico y profunda preocupación en
el resto del mundo. "Esta patente es otro paso importante que se da
hacia la utilización de la vida como un bien. Durante la colonización
los investigadores procuraban los recursos de los pueblos indígenas
y estudiaban su organización social y sus costumbres pero ahora,
en los tiempos biocoloniales, van detrás de la propia gente"
dice Pat Roy Mooney, Director Ejecutivo de la RAFI, quien está
investigando las posibilidades de oponerse a que se patente material genético
humano ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya, Países
Bajos, así como de plantear el tema a la atención de las
Parte del Convenio sobre la Diversidad Biológica así como
de los órganos multilaterales pertinentes.
La RAFI ha venido siguiendo de cerca el
patentado de los pueblos indígenas desde 1993, cuando la presión
ejercida por ella y por el Congreso General Guaymí hicieron
que el Secretario de Comercio de los Estados Unidos retirara la solicitud
de patente de un línea celular de una india guaymí de Panamá.
Ron Brown, el funcionario incriminado,
defendía la patente diciendo que "de acuerdo con nuestra leyes
(¼
) se pueden patentar las cuestiones relacionadas con las células
humanas y no hay ninguna disposición que considere el origen de
dichas células, objeto de una solicitud de patente."
Casos recientes han demostrado el valor económico potencial del
ADN humano de las poblaciones asiladas para el diagnóstico y el
tratamiento de enfermedades así como para la elaboración
de vacunas. Las muestras de sangre de personas asmáticas que viven
en la remota isla de Tristán da Cunha en el Atlántico sur
fueron vendidas a los investigadores de una empresa basada en California,
la que a su vez vendió los derechos de usarlas, como una tecnología
aún no probada para el tratamiento del asma, a la empresa alemana
Boehringer Ingelheim por 70 millones de dólares estadounidenses.
Fuente: Indigenous Person from
Papua New Guinea Claimed in US Government Patent, RAFI Press Release,
4 de octubre de 1995. |