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La Investigación sobre el Genoma Humano
By
René von Schomberg
and Peter Wheale

 
Palabras clave:  Proyecto Genoma Humano; Aspectos éticos; Genoma humano; Derechos de propiedad intelectual.
Cita literal: Schomberg, R. von, and Wheale, P. (1999), "La Investigación sobre el Genoma Humano." Monitor de Biotecnología y Desarollo, Compendio 1995-1997, p. 58-61.

La investigación sobre el genoma humano tiene por objeto construir el mapa genético y el del genoma físico e identificar la función de secuencias específicas de ADN, en particular, la secuencia de ADN de los genes activos. Aunque no se trata de una investigación única, la suma de todos los programas de investigación sobre el genoma humano en todo el mundo se llama Proyecto Genoma Humano (HGP). Otro proyecto, mucho menor, llamado Proyecto Diversidad del Genoma Humano (HGDP) se dedica específicamente a la variación genética en la poblaciones y entre ellas.

El HGP es un notable ejemplo de la colaboración internacional dirigida por científicos en vez de gobiernos; recibió primero la aprobación de los Estados Unidos en 1988 y comenzó a funcionar oficialmente el 1º de octubre de 1990. Las metas de la investigación así como sus estrategias y recursos varían pero el objetivo general es el mismo: conocer la base genética de la especie Homo sapiens. La molécula de ADN se compone de cuatro unidades, conocidas como bases nucleotídicas; se cree que existen unos tres mil millones de pares de bases en el genoma humano. Se espera que el primer genoma humano con secuencia completa incluya un cromosoma sexual X y otro Y, lo que daría un individuo de sexo masculino, y que dicho proceso demore más de diez años. El costo total estimado varía entre 300 y 500 millones de dólares estadounidenses.

La sombra de la eugenesia
Desde el punto de vista histórico el estudio de la genética humana está asociado con la eugenesia, la ciencia que se ocupa de todas las influencias que mejoran las calidades innatas de la humanidad. Durante la primera parte de este siglo, la ciencia genética concentró su atención en la determinación de las bases biológicas de los rasgos que se suponían que conllevaban ciertos tipos de comportamiento antisocial y de degeneración social. Sin embargo, tal investigación de orientación eugenésica suscitó la reacción de los científicos opuestos a esa teoría que defendieron con éxito la idea de una genética humana sin ningún tipo de discriminación de raza ni de clase. A pesar de ello, la historia de la eugenesia de la genética humana es muy larga e influyente y hay quienes sostienen que incluso mucha de la investigación que se realiza actualmente sobre el genoma humano contiene implícitamente dicha idea.

La ciencia con mayúscula pero con modestia
El origen del HGP se encuentra en gran medida en las iniciativas adoptadas a mediados del decenio de 1980 en los Estados Unidos, en particular por el biólogo molecular Robert Sinsheimer y por Charles De Lisi, Director de la Oficina de Salud y Medio Ambiente del Departamento de Energía (DOE) de los Estados Unidos. Sin embargo, destacados especialistas en biomedicina en ese país insistieron en que los Institutos Nationales de la Salud (NIH) asumieran el control principal sobre ese programa en vez de hacerlo el DOE, y lograron persuadir al encargado de esos institutos de que apoyara el proyecto. En 1988 la investigación sobre el genoma humano, con patrocinio del gobierno estadounidense, disponía de un presupuesto de aproximadamente 88 millones de dólares estadounidenses. Los órganos así financiados recibieron unos dos tercios del total y el DOE el resto.
Para 1988 Gran Bretaña, Francia, Italia, Alemania Occidental, los Países Bajos, Dinamarca y la Unión Soviética ya habían iniciado algún tipo de investigación sobre el genoma. Ese mismo año la Comisión Europea propuso su propio proyecto: Medicina preventiva: análisis del genoma humano. En principio el Parlamento Europeo lo rechazó, basándose en que su meta preventiva era eugenésica y, por ende, inaceptable, pero más tarde dio su apoyo a una propuesta revisada que fue aprobada por el Consejo de Ministros. En 1989 la Comisión Europea asignó 11,7 millones de dólares estadounidenses a la investigación sobre el genoma humano para el período 1989-90. Para el período 1990-1994 se asignaron otros 21,5 millones y para 1994-1998 31,5 millones de dólares estadounidenses más.
Anteriormente, el gobierno japonés, uno de los que se incorporaron tarde a la investigación sobre la biología molecular y el genoma humano, había creado en 1987 su Programa científico sobre las fronteras humanas, un proyecto internacional de investigación básica cooperativa en neurobiología y biología molecular. La financiación total japonesa para la investigación del genoma humano, procedente de la Agencia de Ciencia y Tecnología (STA) y del Monbusho, el Ministerio de Educación, Ciencia, Deporte y Cultura, fue de 35 millones de dólares estadounidenses para 1995.
Los conocimientos obtenidos con la investigación sobre el genoma humano atesoran un gran potencial para seguir desarrollando las pruebas de detección de anomalías genéticas, destinadas a identificar a los portadores de genes asociados a trastornos genéticos y a mejorar las técnicas de la identificación mediante las huellas de ADN.

Detección de anomalías genéticas
Abarca un conjunto de técnicas que se utilizan para diagnosticar rasgos fenotípicos que tiene, o que se cree que tiene, una base genética. El cribado prenatal que se hace en Occidente suministra información sobre el riesgo que corre el feto de sufrir, por ejemplo, del síndrome de Down, de espina bífida, del síndrome de Turner, de la enfermedad de Tay-Sachs, de enfermedad de células falciformes o de alguna talasemia, para decidir si se desea abortar. Sin embargo, en muchos países en desarrollo el aborto es ilegal, lo que reduce el valor de ese diagnóstico prenatal para la población local.
Además de los debates actuales sobre la conveniencia de disponer de este tipo de información, otro problema es que la mayoría de la gente carece de los conocimientos necesarios para entender la diferencia entre ser portador de un gen asociado a un trastorno recesivo, cuyo portador suele ser asintomático, y una persona ya enferma que tiene dos copias de dicho gen. Es difícil garantizar que los doctores que realizan las pruebas con personas o poblaciones den el asesoramiento genético adecuado, cuando ellos mismo disponen de una capacitación mínima en genética. Más aún, en muchos países, suele ser inadecuado el apoyo educativo que debería acompañar cualquier detección de rutina de los portadores, para evitar que se los estigmatice, afectando así su lugar en la sociedad. De lo contrario, los portadores pueden sufrir injustamente de discriminación y de perder su posición social.
De acuerdo con la ética médica, es necesario obtener el consentimiento fundamentado de una persona antes de poder someterla a cualquier tipo de examen médico. Se ha expresado preocupación por la ausencia de dicho consentimiento, no necesariamente debido a una incorrección voluntaria por parte de los investigadores, sino a causa de la dificultad de comunicación.

Identificación mediante las huellas de ADN
Es una técnica que usa sondas genéticas para generar perfiles genéticos personales que son tan específicos de cada individuo como las huellas digitales. Se lo utiliza para analizar las pruebas en casos penales y en litigios sobre paternidad. En los Estados Unidos los militares se interesaron en usar la identificación mediante las huellas de ADN, aplicándola a su personal, por ejemplo, para identificar más fácilmente restos humanos. Para los empleadores, las compañías de seguros, los establecimientos de enseñanza, la policía, los tribunales y las autoridades de inmigración reviste un innegable interés el acopiar los perfiles genéticos de empleados, asegurados o estudiantes potenciales así como de presuntos delincuentes o de personas cuya paternidad trata de determinarse y también de inmigrantes potenciales.
La proliferación de las bases de datos de ADN que almacenan los perfiles genéticos amenaza el derecho de las personas a la intimidad. La mayoría de los países no tienen reglamentos que reconozcan el carácter confidencial de la información pública en materia de salud. En cuanto a los sistemas penales, constituye un motivo de gran preocupación el que no pueda garantizarse la seguridad de los datos a disposición de la justicia.

Diversidad genética humana
El concepto del genoma se aplica tanto al complemento genético que es único de la persona así como al que lo es para la especie. El genoma de cada persona es una versión del genoma de la especie, que se distingue de los genomas de otros miembros de la misma especie, con un grado de similitud que corresponde al índice de parentesco, siendo idéntico en el caso de los gemelos. La variación genómica, tanto en las poblaciones como entre ellas, es de gran interés para narrar la historia de la actividad humana.
El HGDP se ocupa específicamente de la variación genética, aunque en una forma que, por deducción, concibe la diferencia genética como más significativa entra las razas que dentro de ellas. Puesto que muchas enfermedades genéticas tienen una incidencia mucho mayor en grupos étnicos específicos, el tomar muestras del ADN de esas poblaciones para detectarlas puede ayudar a elaborar pruebas de detección de trastornos genéticos y, más adelante, concebir una terapia genética. Se supone que el costo de este Proyecto, creado por Luigi Luca Cavelli-Sforza, un genetista de poblaciones de la Universidad de Standford en los Estados Unidos, es de 20 millones de dólares estadounidenses financiados por donantes internacionales.
Su objetivo es recolectar grandes cantidades de muestras de genes de una selección mundial de unas 500 poblaciones humanas genéticamente distintas. Los investigadores ya disponen de datos genéticos de muchos pueblos, incluidos los san de Sudáfrica, los penan de Malaisia, los aborígenes australianos, pueblos del Sahara, indios de América Latina, los soami del norte de Noruega y los hagahai de Papua Nueva Guinea.
Aún no se ha reconocido la importancia de los pueblos indígenas que poseen una diversidad genética valiosa; lo que se valora son principalmente los genes extraídos de ellos. Por ejemplo, personal médico y paramédico tomó muestras de sangre de 24 miembros del pueblo hagahai, que se enviaron al banco de genes de los NIH en los Estados Unidos. Cuando se descubrió que, en su dotación genética, siete personas eran portadoras de un virus especial, el HTLV-1, que se pensaba que podía ayudar a combatir la leucemia, en 1993 el Departamento de Comercio de los Estados Unidos pidió patentar la secuencia del ADN del pueblo hagahai y su producto.
Parece probable, pues, que con el tiempo se elaboren productos médicos que no hubieran sido posibles sin la cooperación de los pueblos indígenas, como en el caso de los hagahai, pero que éstos no puedan permitirse comprarlos ni posiblemente tampoco beneficiarse con ellos. Consciente de lo injusto de tales situaciones, un grupo de trabajo de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), el Comité Internacional de Bioética (CIB) criticó recientemente el HGDP y recomendó a las organizaciones de las Naciones Unidas que no avalaran proyectos de dicho Programa.

Bioinformática y vigilancia
Para permitir que la información obtenida del HGP y del HGDP pueda registrarse y ser accesible, se ha elaborado una nueva tecnología de la información, conocida como bioinformática, para computar la información de la secuencia del ácido nucleico.
Se considera que los datos del genoma humano aportan información sobre el pasado, el presente y el futuro de los individuos y de las especies. La investigación genética biométrica se realiza para establecer correlaciones entre las constituciones genéticas y la inteligencia, el comportamiento antisocial, la enfermedad mental, las enfermedades hereditarias así como los problemas en el lugar de trabajo.
Dado que la detección genética podría usarse para evadir las responsabilidades por las enfermedades profesionales o por las condiciones de trabajo insalubres y echarle la culpa a los trabajadores, se han alzado cada vez más voces para pedir que se limite la discriminación basada en el genotipo y los desequilibrios que existen en todos los sistemas de salud de todo el mundo.

¿La prospección de la diversidad humana?

El 14 de marzo de 1995 se concedió una patente en los Estados Unidos al los Institutos Nationales de la Salud (NIH) relativa a una línea celular que contenía el ADN no modificado de un indígena hagahai. La misma solicitud de patente está pendiente en 19 países. Los hagahai son apenas 260 individuos que viven el las mesetas aisladas de Papua Nueva Guinea. Sólo entraron en contacto asiduo con el mundo exterior en 1984.
De acuerdo con un comunicado de prensa de la Rural Advancement Foundation International (RAFI) del Canadá y de los Estados Unidos, debido a esa patente, uno de los hagahai dejó de ser el dueño de su propio material genético. La patente ha causado ira en el Pacífico y profunda preocupación en el resto del mundo. "Esta patente es otro paso importante que se da hacia la utilización de la vida como un bien. Durante la colonización los investigadores procuraban los recursos de los pueblos indígenas y estudiaban su organización social y sus costumbres pero ahora, en los tiempos biocoloniales, van detrás de la propia gente" dice Pat Roy Mooney, Director Ejecutivo de la RAFI, quien está investigando las posibilidades de oponerse a que se patente material genético humano ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya, Países Bajos, así como de plantear el tema a la atención de las Parte del Convenio sobre la Diversidad Biológica así como de los órganos multilaterales pertinentes. 
La RAFI ha venido siguiendo de cerca el patentado de los pueblos indígenas desde 1993, cuando la presión ejercida por ella y por el Congreso General Guaymí hicieron que el Secretario de Comercio de los Estados Unidos retirara la solicitud de patente de un línea celular de una india guaymí de Panamá.
Ron Brown, el funcionario incriminado, defendía la patente diciendo que "de acuerdo con nuestra leyes (¼ ) se pueden patentar las cuestiones relacionadas con las células humanas y no hay ninguna disposición que considere el origen de dichas células, objeto de una solicitud de patente." Casos recientes han demostrado el valor económico potencial del ADN humano de las poblaciones asiladas para el diagnóstico y el tratamiento de enfermedades así como para la elaboración de vacunas. Las muestras de sangre de personas asmáticas que viven en la remota isla de Tristán da Cunha en el Atlántico sur fueron vendidas a los investigadores de una empresa basada en California, la que a su vez vendió los derechos de usarlas, como una tecnología aún no probada para el tratamiento del asma, a la empresa alemana Boehringer Ingelheim por 70 millones de dólares estadounidenses.

Fuente: Indigenous Person from Papua New Guinea Claimed in US Government Patent, RAFI Press Release, 4 de octubre de 1995.


Patentado
Desde que surgió la tecnología de ADN recombinante en el decenio de 1970 se ha producido una reinterpretación importantísima del derecho de patentes en todo el mundo, a tal punto que en la actualidad, en algunos países pueden patentarse los organismos vivos y sus partes y procesos, incluidos las células y los genes de humanos. Es importante destacar que el Acuerdo Dunkel, negociado dentro del marco del Acuerdo General de Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT), hacía extensivos los modelos occidentales de los derechos de propiedad intelectual a los países en desarrollo.
En 1991 la Oficina de Transferencia de Tecnología del los NIH presentó, junto con éstos, solicitudes de patente para varios cientos de fragmentos de ADN aislados del tejido cerebral. Dichos fragmentos, conocidos como ADN complementario o ‘secuencias cortas expresadas’ (ESTs), con funciones desconocidas, hacen aparecer a Craig Venter y a Mark Adams como los inventores. Muchos científicos, incluido James Watson, que era entonces el director del programa sobre el genoma de los NIH, se opuso en principio a que se pudiera patentar ese tipo de información genética parcial. Se puede discutir que dichas secuencias de ADN sean realmente ‘inventos’ en vez de simplemente ‘productos de la naturaleza’. Cabe argüir también que la concesión de dichas patentes impediría la libre circulación de la información científica y, por tanto, afectaría la tradición del HGP de cooperar en forma oficiosa.
En su calidad de crítico clave de este debate, se acusó a Watson de no defender los intereses estadounidenses, algo parecido a lo que le ocurrió al físico Oppenheimer, a quien se convocó a una audiencia en un tribunal encargado de cuestiones de seguridad de los Estados Unidos en 1954 por haber criticado los últimos inventos en materia de armas nucleares en ese país. Sin embargo, Watson y los demás críticos de dicho patentado recibieron el apoyo de muchas personalidades y organizaciones prestigiosas así como de gobiernos, entre ellos, la Human Genome Organisation y la American Society of Human Genetics. Finalmente la solicitud de patente de 1991, presentada por los NIH, fue rechazada por la Oficina estadounidense de patentes y marcas (USPTO) por los tres motivos que justifican una patente: el que no sea obvio, que sea novedoso y que sea útil.
En 1992 Venter renunció a los NIH para dirigir el Institute for Genomic Research, que formó una corporación junto con Human Genome Sciences (HGS), a su vez propiedad de una empresa de capital de riesgo, Health Care Investment Corporation, la que se reserva los derechos comerciales de los descubrimiento derivados de la investigación de Venter aunque éste posea los derechos de publicarla. La HGS tiene un acuerdo que garantiza a Smith Kline Beechamn del Reino Unido los derechos de explotar muchos de los descubrimientos de la primera, a cambio de lo cual aquella recibe una financiación sustancial. Hasta el tercer trimestre de 1994 se le habían pagado 100 millones de dólares estadounidenses en total.
Los investigadores que desean tener acceso a las bases de datos de HGS se ven obligados a aceptar las diversas condiciones relativas a los derechos de esa empresa de presentar solicitudes de patente para cualquier tecnología que surja del uso de sus datos. Uno de los argumentos de Venter para imponer esta restricción es que HGS usa mucho mejor la bioinformática que las bases de datos con financiación pública. En el Reino Unido el Medical Research Council prohibe en realidad a cualquiera de sus investigadores que firme acuerdos de colaboración con HGS. Recientemente esta empresa ha negociado un acuerdo con Smith Kline Beechem para dar libre acceso a los datos de secuencia.

Conclusiones
El HGP es un arma de doble filo: por un lado, ofrece nuevos conocimientos sobre la biología molecular humana de importancia para elaborar pruebas de diagnóstico para detectar la presencia de esos genes asociados a enfermedades y trastornos y para elaborar terapias genéticas. Sin embargo, por otro lado, la discriminación genética en el empleo y en los seguros personales así como las posibles violaciones de la intimidad de las personas, incluido el derecho de un individuo a ‘no saber’ nada sobre su perfil genético, se han convertido en importantes cuestiones éticas.
Compartimos también la preocupación de quienes critican los aspectos de explotación potencial del HGDP, en particular, las cuestiones relativas al consentimiento fundamentado, la autonomía individual, la calidad del asesoramiento genético y la injusticia que se comete cuando los pueblos indígenas no se benefician claramente con los uso de los genes patentados derivados de ellos.
Para abordar todas estas preocupaciones el Centro nacional para la investigación del genoma humano, los NIH y el Programa Genoma Humano del DOE han creado un Grupo de Trabajo Mixto sobre cuestiones éticas, jurídicas y sociales asociadas a la elaboración del mapa y las secuencias del genoma humano. La UNESCO está preparando una ‘Declaración sobre la protección del genoma humano’ y el Consejo de Europa un proyecto de ‘Convención para la protección de los derechos humanos y de la dignidad del ser humano con respecto a la aplicación de la biología y la medicina’. Esperamos con gran interés las deliberaciones de ambos órganos sobre estas cuestiones importantes.
René von Schomberg*/Peter Wheale**

*Director del International Centre for Human and Public Affairs y conferencista en la Universidad de Tilburg, P.O.Box 90153, 500 LE Tilburg, Países Bajos.

**Profesor invitado en la Universidad de Tilburg, P.O.Box 90153, 5000 LE Tilburg, Países Bajos, E-mail:P.Wheale@surrey.ac.uk

Fuentes
House of Commons Science and Tecnology Committee Third Report (1995), Human Genetics: The Science and its consequences. Report and Minutes of Proceedings, vol. 1, Londres: HMSO.

J. K. Kevles (1993), "Out of Eugenics: The historical politics of the human genome", En: J.K. Kevles y L. Hood (eds.), The Code of Codes. Cambridge, USA: Harvard University Press.

J. Marks (1995), Human Biodiversity: Genes, race, and history. Berlín, Germany: A. de Gruyter.

R. McNally y P. R. Wheale (1995), "Bio-patenting and innovation: A new industrial divide?". En: O. Morrisey (ed.), Biotechnological Innovation, Societal Response and Policy Implications. Proceedings of a workshop 6-7 April. Centre for European Social Research, University College Cork, págs.7-17.


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