Enfoques Participativos para el Fitomejoramiento
y la Selección Vegetal
By
John R. Witcombe
| Palabras clave: |
Enfoque participativo; Fitomejoramiento; Agricultura en pequeña escala.
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| Cita literal: |
Witcombe, J.R. (1999), "Enfoques Participativos para el Fitomejoramiento y la Selección Vegetal." Monitor de Biotecnología y Desarollo, Compendio 1995-1997, p. 46-51.
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El fitomejoramiento centralizado de la Revolución Verde dio resultados en donde el entorno agrícola era más favorable. Sin embargo, la mayoría de los agricultores de escasos recursos en las zonas marginales no se vieron beneficiados con esas variedades. Como alternativa para esas zonas, se están adoptando enfoques que incluyen la participación de los agricultores para la selección y el mejoramiento de variedades mejor adaptadas. A causa de sus buenos resultados, dichos enfoques se están extendiendo a entornos más favorables y han despertado el interés del sistema internacional de investigación agrícola.
En el decenio de 1960 la Revolución Verde dio origen a una mejora repentina de la producción de cereales alimentarios en muchos países en desarrollo, lo que contribuyó mucho al aumento de la producción de alimentos. A su vez, este aumento hizo que muchos agricultores adoptaran cultivares de trigo y arroz de gran rendimiento. Como consecuencia de este éxito, los programas nacionales e internacionales de mejoramiento se concentraron en unas pocas variedades para producirlas y popularizarlas. Los fitomejoradores no consideraron necesario que los agricultores participaran en este proceso porque estaban bien definidas las principales características de las nuevas variedades: plantas enanas para evitar el desperdicio y una proporción mayor de granos en la planta; la capacidad de florecer en aproximadamente el mismo período de tiempo, independientemente de la latitud y de la época de la siembra; y calidades postcosecha que satisficieran a los consumidores.
Además, a pesar de las circunstancias socioeconómicas muy diferentes, los países en desarrollo adoptaron de los Estados Unidos y de Europa un marco normativo elaborado para utilizar pocos cultivares, muy adaptados, procedentes de sistemas de monocultivo mecanizado e intensivo. En los países desarrollados, los agricultores son considerados simplemente como cultivadores y no como consumidores directos ya que el cereal rara vez se consume en la explotación agrícola sino que se vende a los elaboradores de alimentos industrializados. A la hora de fijar los objetivos del mejoramiento de la calidad de los cereales, en vez de a los agricultores se consultó a los grandes compradores quienes también actuaron de árbitros de las características postcosecha de los nuevos productos acabados.
Incluso después de ponerlos en circulación, los servicios de extensión no tuvieron que requerir la participación de los agricultores en forma muy directa y concreta. Aquellos que eran alfabetos estaban al corriente de la situación a través de la prensa, sabían que estaban disponibles esos cultivares y conocían sus nuevas características. Podían confiar en que sus variedades rindieran en el campo lo que se anunciaba en los folletos explicativos debido a la similitud entre los centros de investigación sobre cultivos y las explotaciones agrícolas en cuando a la gestión.
Decenios después de la Revolución Verde se puso de manifiesto que la aplicación del modelo no participativo del Norte en los países en desarrollo no satisfacía las necesidades de los agricultores que cultivaban las zonas más marginales.
Selección participativa de las variedades
Aunque la producción aumentó mucho en las zonas favorables para el cultivo, la producción se estancó o aumentó sólo lentamente en aquellas marginales. La mayoría de los agricultores de éstas no han adoptado nuevos cultivares y mantienen sus variedades locales. Quizás no hayan tenido acceso a las variedades que se adaptaron a condiciones menos favorables y tal vez las variedades recomendadas no tenían los atributos, como una gran producción de paja, que necesitaban los agricultores de bajos ingresos, o no parecían tan productivas como se esperaba.
En el decenio de 1980 en varios países los científicos iniciaron la investigación sobre fitomejoramiento con la participación de los agricultores para alentar la adopción de variedades de rendimiento superior por parte de aquellos de bajos recursos. Toda esta investigación se dedicó a la etapa ulterior del proceso de fitomejoramiento: la selección entre las variedades acabadas o casi acabadas. Estos programas de selección participativa de variedades tienen varias características en común. Se identifican las necesidades de los agricultores al descubrir los cultivos y las variedades que plantan así como los rasgos que consideran importantes. Los científicos seleccionan las variedades nuevas que tienen los rasgos deseados por los agricultores y las comparan con las variedades de éstos en lo que hace a las características importantes como la madurez, la altura de la planta y el tipo de semilla. Los agricultores visitan periódicamente los centros de investigación para seleccionar material de una amplia gama de variedades en los ensayos de los fitomejoradores. Independientemente del método que se use para seleccionar las variedades, una vez que se las escoge, pasan a manos de los agricultores para que las planten junto con sus variedades locales siguiendo las prácticas tradicionales. En vez de concebir ensayos complejos, se usa a los agricultores como unidad de replicación de las nuevas variedades, cultivando cada uno de ellos una o varias. Sin embargo, en cada aldea, al menos un agricultor cultiva cada una de las nuevas variedades.
Los métodos de evaluación también son participativos. Los agricultores concernidos visitan todas las parcelas de todas las nuevas variedades. Así pueden evaluarlas luego como grupo, en función de su valor relativo. Asimismo, en muchos programas se evalúa el rendimiento por unidad de cultivo para aportar datos a los comités de autorización para la puesta en circulación de las variedades y para ver si hay coincidencia entre la idea que tienen los agricultores del rendimiento y los datos cuantitativos del mismo. Se han utilizado también métodos más simples e informales para la selección participativa de variedades. Se distribuyen a los agricultores pequeñas cantidades de semillas de variedades dadas pero no se les dan instrucciones sobre cómo cultivarlas ni se intenta hacer una evaluación formal de su desempeño relativo. En su lugar, se observan los porcentajes de adopción, después de varias campañas, para ver cuáles variedades son más populares entre los agricultores. Para realizar una evaluación más rápida, se celebran debates con ellos, después de una única campaña, que permitirán identificar las variedades de mayor predilección.
Se han descrito los programas de selección participativa de variedades de muchos países, incluidos Colombia, la India, Namibia, Nepal y Rwanda, para las leguminosas, el arroz, el mijo perlado y el maíz. La eficacia de dichos programas queda demostrada por el hecho de que fueron sustanciales los aumentos de rendimiento que pueden imputarse a la adopción de nuevos cultivares.
Moraleja de la selección participativa
Con esta experiencia podemos aprender unas cuantas cosas:
Trueque de rasgos. Los agricultores evalúan los múltiples rasgos de las variedades y no hacen hincapié exclusivamente en el rendimiento. Por ejemplo, están dispuestos a cambiar una maduración precoz por mayor rendimiento y prefieren sacrificar el rendimiento cerealero a cambio de obtener residuos agrícolas, como la paja. Así pues, las variedades más preferidas no suelen ser aquellas seleccionadas por los fitomejoradores sólo en función de su producción de granos.
Se evalúan muchos rasgos importantes para los agricultores. A pesar del escepticismo de los científicos acerca de la fiabilidad de los datos de los agricultores, estos últimos son los jueces finales de cualquier nuevo cultivar; suelen considerar rasgos que los fitomejoradores no han considerado importantes o que no pueden medir satisfactoriamente. Los agricultores, y sobre todo las mujeres, pueden aportan información detallada de los rasgos postcosecha, como las características del molido del grano, su sabor y la capacidad del grano cocido, una vez ingerido, de demorar la aparición de la sensación de hambre. Pueden describir el valor de mercado del grano y la forma en que difiere del correspondiente a las variedades locales. Es factible que un fitomejorador evalúe muchos de estos rasgos sin los agricultores pero costará más caro y no dispondrá de datos sobre el orden de preferencia de estos rasgos para los agricultores.
La investigación conduce rápidamente a la extensión. El nuevo material genético llega antes a manos de los agricultores cuando se usan métodos participativos. Las variedades preferidas se difunden más rápidamente de un agricultor a otro.
La difusión de nuevas variedades puede fomentarse de otras formas que demandan la participación de los agricultores. Sin embargo, a veces se necesitan enfoques menos participativos como la contratación de agricultores locales para la multiplicación de semillas. Para promover las variedades, se pueden usar los canales de distribución locales, tales las organizaciones no gubernamentales (ONG), los comerciantes en semillas y las cooperativas. En la India y Nepal la creación de redes entre las ONG fue el método más eficaz para aumentar la distribución de semillas de las variedades preferidas.
Críticas a este enfoque
A pesar de estas ventajas, los científicos que no usan estos métodos participativos los critican con frecuencia.
- Primero, algunos científicos arguyen que los servicios de extensión ya usan esos enfoques. Sin embargo, aunque los métodos tradicionales de extensión puedan incluir a los agricultores, suelen basarse en demostraciones de unas pocas variedades recomendadas, que plantan los extensionistas siguiendo un conjunto de prácticas recomendadas. Cuando los agricultores reciben los ensayos para plantarlos por su cuenta, se les dan instrucciones idénticas a las anteriores y, por lo general, se les deja escoger entre un número muy restringido de variedades, una o dos. El conjunto de prácticas recomendadas normalmente excede los limitados recursos de los agricultores en zonas marginales.
- Segundo, se dice que la selección participativa de variedades entraña un riesgo innecesario para los agricultores. Empero, los fitomejoradores pueden ayudar a controlar el riesgo probando si se detectan enfermedades en el material en invernaderos antes de dárselo a los agricultores. Estos últimos controlan excepcionalmente bien los riesgos y sus estrategias para evitarlos son mucho más sofisticadas si disponen de menores recursos. Aquellos de pocos ingresos nunca plantan por primera vez una nueva variedad en una gran superficie y raramente lo hacen en sus mejores tierras. Sólo después de la primera campaña plantarán una nueva variedad muy prometedora en una parcela mejor por una cuestión de simple convicción. Por iguales motivos, pueden plantar una variedad menos preferida en una tierra menos buena, mezclada con semillas de una variedad local, intercaladas con otras especies, o no plantarla en absoluto. Varias campañas de evaluación pasan antes de que los agricultores planten una nueva variedad en una gran superficie de sus tierras.
Asimismo, el riesgo no es unilateral. Al intentar erróneamente proteger a los agricultores de sí mismos limitando su acceso a las nuevas variedades existe el riesgo de que se desperdicien los enormes beneficios económicos que éstas ofrecen. Si no se entregan las nuevas variedades a los agricultores, seguirán cultivándose durante más tiempo las viejas, lo que las hará más sensibles a la evolución de los patógenos.
- Tercero, hay quienes cuestionan la fiabilidad de los resultados. La falta de credibilidad que los científicos conceden a las impresiones de los agricultores es el resultado de su formación en métodos científicos que usan diseños estadísticos formales y datos cuantitativos obtenidos objetivamente, tales la producción por unidad de cultivo. Por ejemplo, los fitomejoradores y los comités encargados de autorizar la circulación de las nuevas variedades quieren tener datos de rendimiento procedentes de parcelas escogidas al azar entre los ensayos de variedades. Sin embargo, los datos sobre las impresiones de los agricultores son igualmente válidos, pueden replicarse en diferentes explotaciones agrícolas, en distintas aldeas y a lo largo de los años. Los estudios demostraron una notable coherencia en esas impresiones, la misma que suele faltar en los resultados de diseños más formales replicados.
- Cuarto, se critica a los agricultores porque rechazan variedades después de una campaña de ensayo. No obstante, en los ensayos formales, siempre se las rechaza después de un único año de prueba en distintos emplazamientos, independientemente de lo atípica que sea la campaña. Los agricultores pueden emitir juicios que no se permiten en un ensayo formal. Por ejemplo, una variedad que no rindió bien puede probarse durante una segunda campaña porque los agricultores tienen explicaciones lógicas para su mal desempeño. Puede tratarse de una variedad de corta duración y bajo rendimiento que los agricultores han plantado en un año lluvioso pero suponen que en un año de sequía ofrecería ventajas.
- Quinto, muchos científicos se preocupan acerca de los costos que implica la participación de los agricultores. Para aprovechar al máximo la eficacia de un enfoque no participativo, se escogerán los lugares donde los centros de investigación efectuarán los ensayos de las variedades en función de la disponibilidad de buena infraestructura y de tierra fértil y uniforme. En un enfoque participativo también debe elegirse con cuidado a los agricultores. Por ejemplo, será más barato y eficaz seleccionar aldeas y agricultores con la ayuda de una ONG local que ya ha establecido lazos con las comunidades locales.
Habrá que considerar lo que cuesta no emplear a los agricultores. Es carísimo dejar de lado los enfoques participativos, si ello lleva a un programa de mejoramiento que no logra producir las variedades que adopten los agricultores.
Son infundados los temores de que el carácter específico de una plantación en la investigación participativa significa que habrá que repetirla una cantidad de veces, que resulte onerosa, en muchas aldeas. Hasta ahora, la experiencia nos demuestra que las variedades identificadas por los agricultores se adaptan a zonas mucho mayores que unas pocas aldeas. No es sorprendente ya que una sola aldea, a menos que sea extraordinariamente única, representa un agroecosistema que podría darse en una zona mucho mayor.
Enfoques participativos en entornos más favorables
Los estudios sobre la adopción de variedades por parte de los agricultores en zonas con gran potencial han demostrado, sorprendentemente, que cultivan variedades muy antiguas. No se debe a que las nuevas no sean mejores sino a que no son suficientemente populares. Los métodos participativos de las zonas marginales se pueden adaptar al entorno socioeconómico de sistemas de producción favorables en los países en desarrollo y usarse para acelerar el reemplazo de variedades. Es más fácil ofrecer a los agricultores de las zonas con más potencial muchas variedades nuevas, puesto que aumenta el número de éstas cultivadas para dichas zonas en vez de en zonas marginales. Los enfoques clásicos de la extensión pueden adaptarse fácilmente para brindar mayor elección a los agricultores. En las zonas con gran potencial son más fáciles las demostraciones de muchas variedades, a cargo de los agricultores, cuando éstos son alfabetos y tienen campos grandes y uniformes. Muchos agricultores verán las demostraciones de variedades cuando se las cultive junto a un camino muy transitado. Los carteles de señalización que indican el nombre de la variedad son más útiles para quienes saben leer. Sin embargo, los agricultores seguirán plantando pequeñas parcelas de variedades experimentales en sus propios campos junto con sus cultivos habituales.
Existe un enorme potencial para aumentar el rendimiento reduciendo la edad promedio de los cultivares que crecen en las zonas potenciales. Cuanto más recientes sean las variedades que planten los agricultores, más ventajas sacarán de los beneficios genéticos obtenidos con los programas de mejoramiento. Recientemente la Overseas Development Administration (ODA) del Reino Unido ha financiado proyectos en la India y Nepal para probar la hipótesis de que la selección participativa de variedades ayudará a aumentar la producción en las zonas de gran potencial.
Fitomejoramiento participativo
Como se dijo, la participación de los agricultores en la selección de los productos acabados es muy rentable. Cuando tiene éxito, los cultivares preferidos de ellos son los genitores ideales para un programa de fitomejoramiento participativo.
Se pueden distinguir dos tipos de programas: el de consulta y el de colaboración. En los primeros, se consulta a los agricultores en cada etapa para determinar metas y escoger a los genitores que son totalmente adecuados. En los segundos, los agricultores plantan las primeras generaciones variables y seleccionan las mejores plantas entre las de sus propios campos.
La elección de uno de estos métodos dependerá del cultivo y de la disponibilidad de recursos. Los programas de mejoramiento en colaboración se han realizado en Nepal para el arroz y en Colombia y Brasil para los frijoles. En Colombia se hizo una comparación entre las selecciones de los agricultores y de los fitomejoradores. Se llegó a la conclusión de que los segundos tendían a seleccionar las variedades en función del rendimiento y de la tolerancia al estrés mientras que los agricultores concedían gran importancia a la calidad.
Los métodos consultivos pueden incorporarse fácilmente a los programas de mejoramiento descentralizados que se elaboran para entornos específicos. Los fitomejoradores consultan a los agricultores para escoger a los genitores que pueden ser tanto variedades locales como variedades modernas. Los agricultores dan su opinión también sobre la incorporación de rasgos adecuados en la selección de beneficiarios y visitan las parcelas de investigación de los fitomejoradores y hacen comentarios sobre el nuevo material. En el mejoramiento consultivo, cuando los productos acabados están disponibles, se utiliza la investigación en colaboración. Los agricultores, quizás los que fueron consultados anteriormente, evalúan los productos acabados en sus propios campos. Sin embargo, en los programas en colaboración, no hay discontinuidad entre el final del mejoramiento de nuevos productos y el comienzo de la selección entre los productos acabados.
Derechos de propiedad intelectual
En los países en desarrollo, el fitomejoramiento en el sector público pocas veces es una actividad rentable. Sus fitomejoradores rara vez logran beneficios financieros de los productos que ponen en circulación. Esto tiene pocas posibilidades de cambiar si se introducen los derechos del obtentor. Por lo tanto, la cuestión de cómo recompensar a los agricultores no se complica con la necesidad de dividir los beneficios. Los agricultores que participan en los programas de mejoramiento tienen acceso al nuevo material antes que los demás, obtienen el reconocimiento de la comunidad y aprenden nuevas técnicas. En Nepal, los agricultores que intervinieron en el fitomejoramiento participativo, obtuvieron todos esos beneficios y vendieron semillas de una nueva variedad a un precio más alto que para la local.
El tema de los derechos de propiedad intelectual vuelve más complicado el fitomejoramiento participativo. Tanto los beneficios como estos derechos deben compartirse entre los agricultores y los obtentores. Más aún, los competidores podrían lograr el acceso a nuevo material genético que crece libremente en los campos de los agricultores. No cabe duda de que el sector privado podría encontrar la forma de superar esos problemas pero reduciría de ese modo el atractivo que representa para él la participación de los agricultores.
Muchas empresas privadas se concentran en mejorar híbridos. La selección participativa de las variedades puede usarse para identificar aquellos que prefieran los agricultores. Muchas empresas privadas ya se han adelantado a las instituciones públicas al usar los métodos participativos cuando hacen sus investigaciones de mercado de rutina sobre la aceptación de los híbridos antes de embarcarse en su producción a gran escala y su venta.
La función del CGIAR y de los NARS
A pesar del valor demostrable de la participación de los agricultores, se ha fracasado a la hora de adoptar ampliamente este enfoque. En parte debido a que el apoyo y la capacitación institucionales se han destinado a los enfoques convencionales. Por suerte, la situación está cambiando. En el Grupo Consultivo sobre Investigación Agrícola Internacional (CGIAR), cuatro centros internacionales de investigación agrícola han emprendido, o están planeando, algún tipo de programa de mejoramiento participativo. El Instituto Internacional de Investigación de Cultivos para las Zonas Tropicales Semiáridas (ICRISAT) ha usado métodos participativos para el guandú o fríjol de palo y el mijo perlado en la India y el Centro Internacional de Investigación Agrícola en las Zonas Secas (ICARDA) para la cebada en Siria. Para el arroz, el Instituto Internacional de Investigación sobre el Arroz (IRRI) ha usado dichos métodos en Vietnam y la Asociación para el Desarrollo del Cultivo del Arroz en el Africa Occidental (WARDA) en Costa de Marfil. El Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT) ha sido el más acérrimo defensor de los enfoques participativos y ha realizado una labor de pionero con los frijoles en Rwanda y Colombia. Ahora existe una masa crítica de científicos en el CGIAR que utiliza los enfoques participativos. Dicho Grupo Consultivo está planeando aplicar esos enfoques al fitomejoramiento y a la investigación de los sistemas de cultivo.
Hubo una respuesta alentadora por parte de los Sistemas Nacionales de Investigación Agrícola (NARS) que habían trabajado con esos enfoques. Por ejemplo, en Nepal una variedad plantada utilizándolos fue puesta en circulación oficialmente y cada vez más se procura entregar antes el material a los agricultores, durante el proceso de mejoramiento. En la India por lo menos cuatro universidades agrícolas estatales han comenzado sus programas de mejoramiento participativo. Las ONG y los centros agrícolas científicos que ven los resultados de la selección participativa de variedades se muestran muy entusiastas ante la idea de adoptar dicho enfoque.
El apoyo del CGIAR y de los NARS al mismo para el fitomejoramiento es alentador. Estos enfoques ofrecen enormes oportunidades de aumentar la producción agrícola y de satisfacer las necesidades de una población creciente. Si ello ocurre, constituirán una oportunidad, quizás no menor que la que ofrece la biotecnología, para mejorar la seguridad alimentaria del mundo.
John R. Witcombe
Centro de Estudios para las Zonas áridas
Universidad de Gales
Bangor
Gwynedd LL57 2UW
Reino Unido
E-mail j.r.witcombe@bangor.ac.uk
Fuentes
P. Eyzaguirre y M. Iwanaga (eds.) (1996), Participatory Plant Breeding, Proceedings of a Workshop on Participatory Plant Breeding, 26-29th July 1995, Wageningen, The Netherlands. Roma, Italia: IPGRI.
D. M. Maurya, A. Bottrall y J. Farrington (1988), "Improved Livelihoods, Genetic Diversity and Farmer’s Participation: A strategy for rice-breeding in rainfed areas of India". Experimental Agriculture, vol. 24, págs. 311-320.
L. Sperling, M. E. Loevinsohn y B. Ntabomvra (1993), "Rethinking the Farmer’s Role in Plant Breeding: Local bean experts and on-station selection in Rwanda", Experimental Agriculture, vol. 29, págs. 509-519.
L. Sperling y M. L. Loevinsohn (eds.) (1996), Using Diversity. Proceedings of the Conference on Using Diversity and Maintaining Genetic Resources on-Farm, June 1995, Nueva Dehli, India: International Development Research Centre.
J. R. Witcombe y D. S. Virk (1996), Challenges and Alternatives for Varietal Testing. Paper presented in Workshop on Reforming Regulatory Frameworks for Small Farmer Seed Supply. Regent’s College, Londres. 29-31 de mayo de 1996.
Tres artículos de J. R. Witcombe, escritos en colaboración, sobre los enfoques participativos para el fitomejoramiento, publicados en Experimental Agriculture, vol.32, 1996. págs .445-496. El autor dispone de reimpresiones de los mismos.
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