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La Experiencia Chilena
en la Planificación de la Biotecnología Agrícola
By
Carlos Muñoz Schick

 
Palabras clave:  Políticas y programas, Chile.
Cita literal: Muñoz Schick, C. (1999), "La Experiencia Chilena en la Planificación de la Biotecnología Agrícola." Monitor de Biotecnología y Desarollo, Compendio 1995-1997, p. 14-16.

El nuevo programa chileno para el desarrollo de la biotecnología agrícola determina el contexto para las inversiones públicas futuras en investigación biotecnológica. Un equipo de expertos internacionales junto con científicos nacionales y planificadores definieron las prioridades del programa. Este proceso logró una gran adhesión para éste pero no condujo al establecimiento de criterios viables para el financiamiento de proyectos específicos. Por ello, Chile inició una segunda fase de determinación de prioridades. Carlos Muñoz examina ese proceso.

Chile reúne condiciones agroclimáticas favorables y un ciclo agrícola opuesto al hemisferio norte; más recientemente, se sumó a ello una política gubernamental destinada a promover las exportaciones. Esto produjo como resultado un aumento del 25 por ciento de las exportaciones agrícolas y de alrededor del 7 por ciento del producto interno bruto. Sin embargo, debido a la firma de diversos acuerdos de libre comercio con otros países de América Latina, otra vez está en discusión en qué debe concentrarse la agricultura nacional. Argentina tiene un potencial mejor para producir ciertos productos agrícolas a granel y otros países vecinos, como Brasil, se están destacando como productores de fruta. Por ello, puede esperarse que Chile importe trigo, maíz y oleaginosas y que necesite mejorar la calidad de sus productos para seguir siendo competitivo frente a los nuevos productores frutícolas. El Ministerio de Agricultura (MINAGRI) definió una nueva política para mantener e incrementar la competitividad del sector agrícola chileno tanto en los mercados nacionales como en los internacionales. La estrategia incluye la diversificación de la producción, la mejora de la calidad, la disminución de los costos de producción y un mayor valor agregado a las exportaciones agrícolas mediante la producción de jugos de frutas, frutas enlatadas, etcétera, y la protección del medio ambiente. En este contexto el desarrollo de la ciencia y la tecnología es un tema estratégico, en particular se espera que la biotecnología desempeñe un papel central, debido a su naturaleza innovadora y multidisciplinaria. La biotecnología agrícola en Chile ofrece grandes posibilidades de desarrollar nuevos productos y de depender menos de la tecnología extranjera.
El MINAGRI inició un Programa Nacional para el Desarrollo de la Biotecnología Agropecuaria y Forestal coordinado por el Instituto Nacional de Investigación Agrícola (INIA) y administrado por el Fondo para la Innovación Agraria (FIA), ambos parte del MINAGRI. Para seguir desarrollando el Programa, el INIA y el FIA crearon un Comité Técnico Asesor formado por representantes de diversas organizaciones nacionales e internacionales que trabajan en la biotecnología agrícola, que encomendó a un consultor de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) el examen de la situación actual de la biotecnología agropecuaria y forestal en Chile.
El estudio demostró que los recursos humanos son escasos; no más de 80 investigadores se dedican a la biotecnología agrícola en el país, de los cuales sólo algunos tienen nivel de doctorado o maestría. Es limitado el número de estudiantes que cursan los programas existentes de capacitación en biotecnología. Sin embargo, también indicó que un número significativo de chilenos que están en el extranjero desean regresar o cooperar en el desarrollo nacional de la biotecnología. Chile tiene 42 laboratorios que se ocupan de la biotecnología agrícola, de los cuales el 60 por ciento está en la capital Santiago. El 80 por ciento de estos laboratorios forma parte de universidades, por lo que están muy dedicados a la enseñanza. Sus equipos varían mucho.
El país carece de una legislación específica que reglamente la evolución y el uso de la biotecnología. En su lugar, se aplican leyes generales sobre el comercio de semillas y la sanidad vegetal para autorizar la introducción de organismos transgénicos en el medio al ambiente. Otros instrumentos jurídicos como la ley de derechos del obtentor y la ley de patentes, también se aplican a la biotecnología agrícola.
Los científicos chilenos disponen de una cantidad cada vez mayor de subvenciones por las que deben competir. Sin embargo, no hay prioridades claras ni tampoco una coordinación formal entre los organismos que las conceden y los institutos de investigación. Además, las relaciones entre la investigación y el sector productivo son casi inexistentes.

El fomento de la iniciativa
De conformidad con la recomendación del Comité Técnico Asesor, el gobierno chileno pidió a la FAO que formulara una propuesta para el nuevo Programa de Biotecnología. Un equipo de cinco científicos internacionales de alto nivel visitaron durante tres semanas a los principales grupos de científicos que trabajan en la biotecnología en Chile así como el MINAGRI, los organismos de financiación, el FIA y la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica (CONICYT), el instituto responsable del desarrollo de la ciencia y la tecnología en el país.
También se realizaron tres talleres para establecer prioridades en áreas específicas: el fitomejoramiento, la biotecnología forestal y la pecuaria. Estos talleres fueron organizados por el INIA en colaboración con organizaciones nacionales o internacionales, o ambas, y a ellos asistieron científicos que trabajan en esos ámbitos. En los tres casos, se determinaron las prioridades después de simples debates en los grupos de trabajo y de uno final en el grupo de síntesis.
El proyecto de propuesta del equipo internacional y el resultado de los tres talleres sobre prioridades sirvieron de base para una conferencia de planificación a la que asistieron investigadores nacionales en biotecnología, responsables de la toma de decisiones en materia de políticas y representantes de los centros internacionales de investigación agrícola y de las organizaciones internacionales donantes. Aunque fueron invitados, solamente unos cuantos representantes del sector privado estuvieron presentes en la conferencia.

El Programa de Biotecnología
Después de la conferencia de planificación el equipo internacional recomendó al MINAGRI: La propuesta excluyó los mecanismos de cofinanciamiento con el sector privado, ya que el estudio demostró que éste no tiene intereses específicos en la biotecnología por el momento, y que existen otros fondos disponibles para los cuales no se impone ese requisito específico.

La revisión del procedimiento de formulación
La formulación del Programa de Biotecnología tomó alrededor de un año y medio. Se gastaron más de 270.000 dólares estadounidenses, incluidos los costos de participación de numerosos expertos internacionales. El gobierno chileno contribuyó con el 60 por ciento de esta suma. Se hubieran podido hacer algunos ahorros tanto de tiempo como de dinero con una planificación cuidadosa. Por ejemplo, se puso de manifiesto que, para elaborar la propuesta, no se usó el diagnóstico preciso sobre los últimos adelantos de la biotecnología en Chile. Sin embargo, el gobierno le dio su aval y el programa podría empezar en 1998.
El Programa de Biotecnología tiene algunas características positivas. Primero, el fondo toma en cuenta las singularidades de los agroecosistemas chilenos, sumamente variables, y su diversa flora endémica que ofrece posibilidades de domesticación de nuevas especies para usarlas como alimento, pienso o medicinas o para la industria. El desarrollo de nuevos productos, que están incluidos en la estrategia del MINAGRI destinado a mejorar la competitividad, podrían aplicarse tanto a la transformación de cultivos conocidos como a la domesticación de especies autóctonas.
Segundo, el Programa considera la composición particular del sector agrícola chileno, que consiste de agricultores en pequeña escala y de empresarios. Se deben considerar por separado las tecnologías aplicables a cada segmento en el programa de subsidios, pero se carece de una clara asignación para cada uno. Aunque ambos grupos difieren en cuanto a su formación cultural y al acceso a los recursos económicos, ninguno tiene demandas biotecnológicas ni explícitas ni claras, es decir que desconocen lo que la biotecnología puede ofrecerles en términos de nuevos productos o costos menores. Otros organismos de financiación exigen la participación del sector privado. Como se mencionó anteriormente, la industria privada aún no está interesada en invertir en la biotecnología agrícola, ya que los agricultores están acostumbrados a obtener gratuitamente tecnología del gobierno. El Programa no exige el cofinanciamiento del sector privado, sino que, en su lugar, impone como condición que existan vínculos con el sector privado.
Tercero, el Programa reconoce las diferentes etapas en el desarrollo de la biotecnología. La creación de una nueva infraestructura, los recursos humanos y la masa crítica se consideran como el primer paso pero fundamental. En etapas posteriores, el Programa se concentrará en la producción de productos específicos.
Cuarto, reconoce el pequeño número de biotecnólogos que hay en Chile y, por eso, reemplaza la evaluación efectuada por científicos chilenos por otra a cargo de sus homólogos extranjeros, con el objeto de evitar los conflictos de intereses y salvaguardar así el mérito científico.
Quinto, al asignar una junta al Programa, se reconoce la necesidad de establecer las prioridades y políticas futuras.
Por último, gracias a la participación de científicos internacionales reconocidos así como de autoridades políticas nacionales, el Programa recibió un gran apoyo en ambos ámbitos.

Observaciones críticas
Aparte de estas características positivas del Programa, deben hacerse algunas observaciones críticas para mejorar los programas futuros. Primero, la determinación de prioridades depende mucho del grupo de personas que participen en la tarea. Por ejemplo, las establecidas por fitomejoradores forestales no coincidieron con las de los investigadores forestales que no se ocupan del mejoramiento. Esto también vale para la oposición entre científicos y usuarios. Por lo tanto esta actividad debe incluir investigadores en diversas disciplinas al igual que agricultores y planificadores de políticas. En este caso, los agricultores no estuvieron incluidos en el proceso.
Segundo, los supuestos económicos, en los que se basó el proceso de determinación de prioridades son extremadamente frágiles y sujetos a cambios rápidos. Por ejemplo, las prioridades para el fitomejoramiento fueron establecidas antes de que Chile entrara en el MERCOSUR, el acuerdo de libre comercio del Cono Sur. Por ende, la mayoría de ellas ya no son aplicables actualmente. Por ejemplo, los cultivos alimenticios para el mercado nacional han dejado de ser prioritarios puesto que ahora se pueden importar más baratos.
Tercero, una simple lista de disciplinas biotecnológicas es demasiado general para establecer prioridades en la agricultura. De poco servirá para evaluar las propuestas de cada proyecto. Obviamente, el mérito científico de la propuesta es un criterio importante pero también deberían tomarse en cuenta aquellos económicos, sociales, ambientales e institucionales. El ejemplo chileno no originó una cartera de proyectos que pudieran realizar los científicos chilenos.

Novedades recientes
Puesto que la selección de proyectos será una tarea difícil, el INIA, en su calidad de organismo coordinador del Programa, participa ahora en un proyecto iniciado por el Servicio Internacional para la Investigación Agrícola Nacional (ISNAR) y el Instituto suizo de tecnología (ETHZ). El proyecto utiliza el Proceso Jerárquico Analítico (Véase el artículo de la página 54 de este número) como marco conceptual para establecer la prioridad de los proyectos de biotecnología. Éste se basa en la descomposición del proceso decisorio en una estructura jerárquica y la evaluación subsecuente de sus elementos comparándolos por pares, tarea a cargo de los científicos. Aparte de los criterios económicos, sociales y ambientales, también se incluyen aquellos destinados a evaluar la incertidumbre relacionada a la investigación y la transferencia de tecnología. En varias reuniones con investigadores de los siete proyectos en estudio y con los responsables de la toma de decisiones de los institutos públicos se elaboró una lista de criterios e indicadores. Los resultados de estos estudios de caso deberían aportar indicaciones claras sobre la forma en que podrían seleccionarse los proyectos para el Programa de Biotecnología.
Carlos Muñoz Schick

Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA)
Casilla 439-3
Santiago
Chile

Teléfono (+56) 2 541 7223
Fax (+56) 2 541 7667
E-mail cmuñoz@platina.inia.cl

Este artículo se basa en otro anterior presentado en el Seminario Regional CamBioTec sobre planificación, determinación de prioridades y políticas para la biotecnología agrícola, organizado por el IBS y CamBioTec del 6 al 10 de octubre 1996 en Lima, Perú.

Fuentes
C. Muñoz (ed.) (1995), Trabajos y Recomendaciones Presentados al Taller: Biotecnología en relación con técnicas mutagénicas para el mejoramiento genético vegetal. Serie La Platina Nš 64. Santiago, Chile: INIA.

M. Paredes, H. Riquelme y C. Muñoz (eds.) (1997), Conferencia de Planificación: Programa nacional para el desarrollo de la biotecnología agropecuaria y forestal en Chile. Serie La Platina Nš 65. Santiago, Chile: INIA.

V. Villalobos (1995), La Biotecnología Vegetal en Chile: Análisis de sus oportunidades y limitaciones. Santiago, Chile: Oficina Regional de la FAO para América Latina y el Caribe.

M. Vio (ed.) (1995), Antecedentes y Directrices para el Programa Nacional de Biotecnología Agropecuaria y Forestal. Documento de trabajo. Santiago, Chile: Consejo para la Innovación Agraria.

Los artículos publicados en el Monitor de Biotecnología y Desarrollo no están protegidos por el derecho de autor. Puede traducirse o reproducirse parte de los mismos sin autorización previa (excepto aquellas tomadas de otras fuentes), haciendo mención de su origen.

 


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